Se calcula que producir un minuto de vídeo demanda una hora de edición. Con eso en mente, no podemos hacer más que admirar a los profesionales, pero también nos lleva a realizar una pregunta: ¿Y si la tecnología se hiciera cargo de editar el contenido? Ahí es cuando interviene Graava, una pequeña cámara de vídeo que con la ayuda de sensores detecta y procesa los hechos más importantes de una grabación.
Algunos de los momentos más notables capturados en vídeo son producto de la suerte y la espontaneidad. Al otro extremo encontramos ediciones de alta calidad, basadas en la grabación de horas y horas de contenido. Esto implica que un par de ojos (como mínimo) deben recorrer todas esas horas y extraer lo más interesante, adaptado a la dinámica de portales como YouTube y las redes sociales.
Por supuesto, esto no es obligatorio. Si alguien decide conectar una GoPro a su casco y arrojarse de una montaña esquiando o montando en bicicleta, cada segundo del vídeo final merece ser compartido en la Web. Sin embargo, esto es la excepción y no la regla. Si el usuario se ve obligado a mantener largas sesiones de edición, ¿existe la posibilidad de una alternativa?
El concepto de autoedición no es precisamente nuevo que digamos. El problema es que dejamos la tijera digital a cargo de un algoritmo, que a pesar de los avances puede equivocarse bastante feo… pero la cámara Graava busca cumplir la misma tarea de un modo diferente. Su sistema de edición combina datos provenientes de cinco sensores (vídeo, audio, acelerómetro, GPS y monitor cardíaco opcional), y los utiliza para detectar esos instantes que de ningún modo pueden ser ignorados.

Publicar un comentario