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El nuevo CEO del gigante de internet llevaba en realidad meses asumiendo una gran responsabilidad, y hace tiempo que parecía evidente que era el candidato claro a suceder a Larry Page como CEO. Y esa sucesión se anunció ayer como consecuencia de una curiosa reestructuración que hará que Google sea ahora tan solo una más (gigante, pero una más al fin y al cabo) de las empresas del nuevo conglomerado Alphabet, dirigido por Page como CEO y presidido por Sergey Brin.

Las razones oficiales de la reestructuración parecen tener sentido: la ambición de Page y Brin va más allá de Google, y ahora podrán abarcar otros proyectos de forma separada y dejar las riendas de Google a alguien de su máxima confianza. Como buenos fundadores, estos dos ingenieros son mejores en la gestación y desarrollo de nuevas empresas que en su gestión. Sundar Pichai, ingeniero como ellos, tiene otro perfil: uno que parece perfecto para acometer los retos que se le presentan a Google en el futuro.

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