Desde ese momento, los expertos de este grupo han buscado dotar a sus mini drones, que pesan 80 miligramos y agitan sus alas unas cien veces por segundo, de nuevas capacidades. Y una de ellas parecería ser nadar, o mejor dicho, bucear.
Debido a su peso y su tamaño, estos pequeños insectos robóticos, no consiguen romper la tensión superficial del agua, a menos que se lancen directamente a ella. Una vez sumergidos, logran desplazarse, claro que a velocidades inferiores.
Publicar un comentario